El desierto como paisaje, está conformado por dos energías opuestas que se necesitan y se complementan, la existencia de uno depende de la existencia del otro. Crean un símbolo de armonía, entre el cielo y la tierra, debido al equilibrio que produce la interacción de las dos energías. Es el escenario perfecto que permite al artista a conectarse con las raíces de sus sentidos, de su existencia.