Fragmentar

Líneas rítmicas, espacios y series —todas en fragmentos— recrean composiciones y realidades. En la obra de Jacques Custer, la arquitectura se reorganiza a través de la mirada y un dinamismo que lleva lo exterior hacia adentro. Y, de allí hacia afuera, a elementos esenciales para ensamblar inesperados sentidos a las formas y perspectivas.

Al romperse el orden habitual del espacio se revela únicamente lo que el observador elige como evidente. Los medios arquitectónicos conllevan a la selección de ciertas piezas en la serie “Fragmentar”, compuesta por 12 fotografías intervenidas que aluden a funciones del cerebro: muestran solo aquello elegido como preponderante en un momento determinado.

Las estructuras fragmentadas de la ciudad enfatizan ciertas partes de la realidad sobre otras. Un encuentro silencioso, quizá enfrentado, de sensaciones y formas re/estructuradas. Exploraciones que se tornan desconcertantes porque Custer invita al desplazamiento alrededor de las piezas para descubrir que son obras cambiantes sostenidas por el ritmo de cada espectador.

En ese sentido, Custer prioriza su experiencia para registrar estructuras lineales que resultan familiares y a la vez brindan la posibilidad de des y recomposición. Si bien en piezas como Alusión o Contrario los elementos geométricos simples se repiten transformando la realidad y compenetrando al observador en un juego de vibraciones, en imágenes como Armonía o Magno la aparente estabilidad del hábitat es una inmersión a la quietud.

Difícil ignorar la influencia que encuentra en el maestro de la abstracción geométrica, Jesús Soto por su exploración de un mundo vibratorio donde el espectador cumple un rol esencial en la obra; así como en el movimiento artístico del Op Art que se vale de estructuras repetitivas para evocar movimiento e ilusión óptica.

De fondo, la serie “Fragmentar” presenta una extensa trayectoria en la que el artista ha explorado los espacios arquitectónicos, los planos superpuestos y las nociones geométricas para reconcebir realidades. Como lo hizo en la serie “Metamorfosis”, Custer se apropia de estructuras específicas para recomponerlas; sin embargo, esta vez alude a un orden de trabajo que parte de una arquitectura clara hacia la composición de imágenes finales.

Aun cuando estas nos remiten a ese lugar recóndito de la mente al cual no tenemos acceso de forma consciente, Custer nos conduce hacia una visualidad acentuada por una atmósfera que se fracciona, abstrae y dinamiza para recomponerse de forma continua. Nada nos sorprende y cuestiona más que el derecho de mirar desde diferentes puntos de vista dando lugar a interpretaciones válidas que resultan en el descubrimiento de un significado oculto.