La deconstrucción arquitectónica distorsiona y fragmenta
toda envoltura volumétrica creando una identidad latente
propia de cada una de las formas.

Los fragmentos entrelazados entre si crean una mezcla de luz y sombra que nos alejan de la realidad y nos sumergen en una nueva visión arquitectónica.

Jacques Custer nos abstrae a un mundo en el que se contrapone la realidad y la ficción de la vida misma en su forma más pura y la altera bajo su identidad.